Prueba su muñeca sexual y se vuelve adicto
La compraste en secreto, la escondiste en el armario, pero ahora que la tienes frente a ti, no puedes resistirte a tocarla. La agarras por las caderas artificiales, sintiendo cómo el material suave cede bajo tus dedos mientras la acercas a tu polla dura. Te la metes de una estocada, sintiendo cómo el coño de silicona se ajusta perfecto a tu verga, mojada por el lubricante que gotea entre sus piernas. La empotras contra la pared, escuchando el sonido de los golpes secos mientras la follas sin parar, conteniendo los gemidos para que nadie en el apartamento de al lado te escuche. Cada embestida te acerca más al orgasmo, pero el riesgo de que alguien entre en cualquier momento te excita aún más. Te la sacas un segundo, solo para chupar sus tetas falsas y morder sus pezones, imaginando que es real, que es tu vecina de al lado la que está gimiendo bajo tu cuerpo. La vuelves a penetrar, más rápido esta vez, sintiendo cómo el placer sube por tu columna vertebral mientras te corres dentro de ella, llenando su coño de leche caliente. Cuando terminas, jadeando, te das cuenta de que la puerta de la habitación está entreabierta. ¿Y si alguien te vio?