Silver Anal me sorprendió con su verga en mi oficina
La luz del atardecer entraba por la ventana de mi oficina, iluminando el escritorio donde siempre trabajo, pero hoy no había papeles ni reuniones. Solo yo, mi lencería negra ajustada y la expectativa de lo que iba a pasar. Cuando Silver Anal entró, su polla ya estaba dura bajo el pantalón, y al verme, sus ojos se clavaron en mis tetas como si fueran su premio. Yo sabía que venía a follar, pero no esperaba que su verga fuera tan gruesa, tan larga, que al primer contacto me hizo gemir sin poder controlarme. '¿Te gusta lo que ves, puta?' me dijo mientras me empujaba contra la mesa, y yo solo pude asentir, sintiendo cómo sus dedos ya estaban abriéndome el coño, mojándome más de lo que creía posible. Cuando me penetró, fue de una estocada, tan profunda que sentí que me iba a partir en dos, pero en lugar de doler, solo quería más, más fuerte, más rápido. Sus caderas chocaban contra mi culo, rebotando mis nalgas con cada embestida, y yo no podía dejar de gritar, de agarrarme a sus hombros mientras él me empotraba contra el escritorio. El sonido de mi coño chorreando se mezclaba con sus gemidos, y cuando por fin se corrió, fue en mi cara, marcándome como suya. Ahora sé que la próxima vez que me llame, no podré decirle que no, porque esa verga me tiene adicta.