Silver Anal la empotra en secreto durante el recreo
Silver Anal siempre ha sido una puta con hambre de polla, pero hoy se pasó de lista. La vi salir sigilosa del salón, ese uniforme ajustado marcando su culito prieto, las medias hasta la mitad de los muslos y el coño ya mojado de solo pensar en que yo la esperaba entre los arbustos. Le agarré de las caderas sin perder tiempo, metí mi verga dura de una estocada, sintiendo su carne caliente envolverme entero. Ella gemía fuerte, pero sabía que si la escuchaban, nos podían pillar. 'Shhh, puta, si quieres que te siga llenando, mejor cállate', le susurré al oído mientras le tiraba el pelo. El culo de Silver era perfecto, redondo y tembloroso cada vez que le clavaba mi polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. La fricción era insoportable, su jugo chorreando por mis huevos, el sonido de choque de nuestros cuerpos ahogado por sus gritos ahogados. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar. Cada embestida era un riesgo, cada gemido era un peligro, y justo por eso se sentía tan jodidamente bueno. Cuando le di la vuelta y me clavé en su boca, vi el miedo en sus ojos, pero también esa lujuria de saber que podíamos ser descubiertos. Al final, cuando me vine en su cara, ella me miró con esa sonrisa de puta satisfecha, pero yo sabía lo que pensaba: 'Esto está mal, pero quiero que me lo vuelvas a hacer'.