Rafinha le parte el culo a Sharisex de cuatro patas
—¿Crees que puedes manejarme?— te desafía Sharisex, arqueando el culo mientras te mira por encima del hombro, el brillo de la provocación en sus ojos. La tienes a cuatro patas, las nalgas rojas de lo apretado que está su agujero, y sientes cómo tu verga gruesa se hunde en su culo virgen con cada embestida. Ella gime fuerte, las uñas clavadas en las sábanas, pero no se rinde, te aprieta con los músculos del culo, como si quisiera probar quién aguanta más. Te la metes hasta las pelotas, sintiendo cómo su calor te envuelve entero, y cada vez que te sales, su agujero se contrae como si no quisiera soltarte. Sharisex jadea, la saliva cayéndole por la barbilla mientras te suplica que le des más fuerte, que la rompas de una vez, pero tú no cedes: quieres que ella lo pida a gritos. Le agarras las caderas con fuerza, marcándole la piel con los dedos, y le das con todo, escuchando cómo su carne golpea contra la tuya, cómo el sonido húmedo de tu polla entrando y saliendo llena el cuarto. Ella ya no puede hablar, solo gemir, y cuando por fin te corres dentro de ella, llenándole el culo con tu leche, Sharisex se derrumba sobre la cama, el cuerpo temblando de placer. Rafinha, que lo ha visto todo desde el otro lado de la habitación, se lame los labios, imaginando su turno.