Chica morena pide que le folle un negro enorme
La morena estaba hasta el coño de que su novio solo pensara en el fútbol y la dejara con la miel entre las piernas cada noche. Quería sentir una polla que la llenara por completo, así que un día, después de ver pasar a ese negro alto y bien plantado por su calle, le lanzó una mirada de esas que queman y le dijo sin rodeos: '¿Te apetece un buen polvo?' Él, que no era de perder tiempo, le agarró la nuca con fuerza y le metió la lengua hasta la garganta mientras le apretaba los pechos contra la pared de su cocina. Ella gimió con la boca llena, sintiendo cómo su coño se humedecía al instante por la mezcla de su propia excitación y el olor a tabaco y colonia barata que desprendía él. Sin perder ni un segundo, le bajó el pantalón y sacó a relucir una verga gruesa y venosa que le hizo temblar las piernas solo de verla. Se la chupó con ansia, sintiendo el sabor salado y el calor que desprendía, mientras él le arrancaba el tanga de un tirón y le metía dos dedos furiosos en el coño empapado. '¡Joder, qué mojada estás, putita!' le gruñó mientras le escupía en el culo y se lo abría con las manos para prepararla. La puso a cuatro patas en el sofá y se la empotró de golpe, sintiendo cómo su carne cedía con cada embestida profunda que le llegaba hasta el fondo. Ella gritaba como una loca, con los pechos rebotando y la espalda arqueada, mientras él le agarraba las caderas con fuerza para clavársela más adentro. Cuando él notó que sus jugos resbalaban por sus muslos, la volteó boca arriba y le abrió las piernas bien abiertas para lamerle el coño con avidez, sintiendo el sabor dulce de su excitación mezclado con su propio semen. 'Ahora vas a tragarte hasta la última gota, zorra' le susurró antes de meterle la polla en la boca y correrse con fuerza, llenándole la garganta de leche espesa que ella tragó sin rechistar, mientras sus dedos le acariciaban el clítoris hasta que un orgasmo brutal le sacudió el cuerpo entero. Cuando terminó, él se limpió el rabo con su pelo y se fue sin mirar atrás, dejando a la morena con las piernas temblorosas y el coño más que satisfecho.