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Dos putas cachondas y una polla gigante en el gimnasio

10:02 1080P 3 Interracial
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Estúdio Lanalee

La Lana Lee, esa mamacita madura de curvas explosivas y tetas pesadas que siempre va con el chándal ajustado para que todos vean cómo le bambolean las nalgas al caminar, no podía resistirse más cuando vio a Andi James, la pelirroja velluda con un coño que parece un horno listo para devorar lo que sea, lamiéndole el sudor de la espalda a su macho inglés de verga monstruosa. Mientras él sudaba la gota gorda en la máquina de press, Lana se agachó para 'ayudarle' a limpiar el banco con la boca, chupándole la polla por encima del short deportivo hasta que la cabeza le quedó roja de tanto mordisquearla por encima del tejido. Andi, que no quería quedarse atrás, se acercó por detrás con ese culo respingón que parece hecho a propósito para empotrarse y le susurró al oído que si no se la metía ya, se la iba a chupar ella misma hasta dejarlo seco. Cuando la polla ya le goteaba por las puntas, Lana se arrodilló en el suelo del gimnasio con las tetas colgando fuera de la camiseta y le agarró el tronco con ambas manos para metérsela hasta la garganta mientras Andi, sentada en el banco de pesas, se abría las piernas y se masturbaba con los dedos empapados en su propio jugo para mojarle la verga después. Él, con un gruñido bestial, la levantó en peso y la empotró contra la pared, clavándole el rabo hasta el fondo mientras ella le arañaba la espalda y chillaba como una perra en celo, con los fluidos escurriéndosele por los muslos y mojando el suelo del gimnasio. Andi, que no podía aguantar más, se acercó por detrás y se la metió por el culo con un empujón brutal, haciendo que los dos gritaran al unísono mientras Lana se corría en chorros gruesos que le salían disparados como un géiser, empapando el pecho de su macho y dejando el gimnasio convertido en un charco baboso de sexo y sudor. El inglés, con los huevos a punto de reventar, la agarró de la melena y le dio una última embestida tan profunda que ella se tragó su corrida con un gemido ronco mientras Andi se corría también, llenándole el culo de leche caliente que le resbalaba por las piernas hasta el suelo. Cuando por fin se dejaron caer sobre el banco, exhaustos y sudorosos, las dos putas se lamieron los labios y se rieron mientras él, con la polla aún goteando, les decía que nunca había follado tan bien en un puto gimnasio.

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