Cuatro putas se empotran con negro en el parque
La rubia de tetas falsas y el culo bien redondo no pudo resistirse cuando él se le acercó con la verga dura como un palo y le susurró al oído que le iba a dejar el coño bien mojado. La morena de pelo largo y piernas de infarto se tiró al suelo y le abrió la entrepierna con las manos, pasándole la lengua por los labios hinchados mientras gemía como una perra en celo, lista para que le metieran la polla hasta el fondo. El negro, con esa verga monstruosa que le colgaba entre las piernas, no perdió tiempo y se la clavó de una embestida, haciendo que la rubia soltara un grito agudo mientras su coño chorreaba de lo más mojada que estaba. La otra, una morena de pelo corto y cuerpo de infarto, se agachó para chuparle los huevos mientras le agarraba el culo con fuerza, sintiendo cómo los músculos se le tensaban con cada embestida brutal que le metía al coño de la rubia. La cuarta, una pelirroja de tetas pequeñas pero firmes, se subió encima de él a horcajadas y se la metió hasta la empuñadura, balanceando el culo como una loca mientras el negro la empotraba contra un árbol, haciendo que los dos gemieran como animales al sentir cómo la verga le llegaba hasta la matriz. La morena de pelo largo no se quedó atrás y se le acercó por detrás, le agarró las nalgas con las dos manos y se la metió por el culo sin piedad, sintiendo cómo el negro se corría a chorros mientras apretaba los dientes y le llenaba el agujero hasta rebosar. La pelirroja, con los muslos temblando, no pudo aguantar más y se corrió con un chorro de leche espesa que le resbaló por las piernas mientras seguía cabalgando la verga como una posesa. La rubia, con los labios entreabiertos y la mirada perdida, se dejó caer de rodillas y se tragó toda la leche que le escupió en la boca, limpiándole hasta el último rastro de corrida con la lengua, mientras el negro le agarraba la cabeza y le metía hasta la garganta sin compasión. Las cuatro putas, sudorosas y con el coño empapado, se abrazaron entre ellas antes de que él las empotrara una última vez, esta vez en grupo, dejando que todas sintieran el peso de esa verga gigante que las dejaba sin aliento y con el cuerpo temblando de placer.