Rafinha la empotró en casa con su polla negra
Esa tarde en el apartamento, la tensión entre ellos era insoportable. Sharisex llevaba días lanzándole miradas ardientes, rozando su cuerpo con excusa, dejando que sus dedos se demoraran un poco más de lo necesario al pasar. Rafinha, con su polla gruesa y oscura, no podía evitar sonreír cada vez que la veía morderse el labio. La ropa se volvió un obstáculo, y cuando por fin se quitaron todo, el aire se llenó de gemidos. Sharisex se arrodilló, chupando con ansia esa verga enorme, sintiendo cómo le llenaba la boca hasta el fondo. Rafinha la tomó de los cabellos, guiando sus movimientos mientras su coño se mojaba cada vez más. La puso a cuatro patas sobre la cama, separándole las nalgas para hundirse en su chocho apretado de una sola estocada. Cada embestida resonaba en la habitación, los golpes de sus caderas contra ese culo blanco eran música. Sharisex gritaba, pidiendo más, y Rafinha no se contuvo, follándola con fuerza hasta que sus fluidos le chorreaban por los muslos. Cuando por fin se corrió, llenándola entera, Sharisex quedó temblando, con las piernas flojas y los ojos vidriosos, sabiendo que esa noche no sería la última.