Vixen Vogel se deja empalar por la polla monstruosa de Sledge Hammer
"¿Crees que puedo aguantar toda esa verga negra en mi coñito blanco?" Te juro que me lo pregunté todas las veces que lo vi pasar con esa polla monstruosa colgando entre las piernas. Llevaba días mirándolo con disimulo, imaginando cómo se sentiría tenerlo dentro, cómo me llenaría hasta el cuello del útero. La tensión era insoportable, y cuando por fin me invitó a su habitación, no dudé ni un segundo. Me arrodillé ante él, le saqué la polla dura y me la metí en la boca sin pensarlo dos veces, chupando con fuerza, sintiendo cómo me llenaba la garganta. Pero él quería más, así que me dio la vuelta, me inclinó sobre la cama y me clavó esa verga enorme de una estocada, haciéndome gritar de placer. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, sintiendo cómo me abría por completo, cómo sus huevos chocaban contra mi clítoris mojado. No podía creer lo bien que me sentía, cómo cada movimiento me acercaba al orgasmo. Cuando por fin se corrió, me llenó toda, y en ese momento solo pude pensar en que no quería que se acabara.