Olivia se deja romper el culo con el marido a punto de llegar
La cocina olía a café recién hecho y el sol de la tarde entraba por la ventana, iluminando el cuerpo sudado de Olivia mientras se agarraba a la mesa con los nudillos blancos. Gabriele, su amante de turno, le separó las nalgas con fuerza y le metió los dedos hasta el fondo, haciéndola gemir en voz baja para que no la escucharan los vecinos. Cada vez que el tipo le clavaba la polla hasta las pelotas, Olivia mordía la toalla que tenía en la boca, sintiendo cómo el culo se le abría como un melón maduro. Las patas de la mesa chirriaban contra el suelo de baldosas cada vez que él la embestía con más fuerza, y Olivia podía escuchar los pasos de su marido acercándose por el pasillo. Gabriele le tapó la boca con la mano y le susurró al oído: 'Si gritas, nos pillan', mientras le metía la polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. Olivia sentía el corazón a punto de estallarle cuando escuchó la llave girando en la cerradura. Gabriele se corrió dentro de ella con un gruñido ahogado, y Olivia solo podía pensar en lo cerca que había estado de que su marido los descubriera follando como animales en la cocina.