Novia por primera vez se empala el culo bien duro
La muy putita llevaba días con el coño ardiendo cada vez que él se quitaba la camiseta frente a ella, mordiéndose el labio mientras lo espiaba desde el sofá. Esa noche, después de tres copas de más, se plantó delante de él con el móvil en la mano y una sonrisa de oreja a oreja, susurrándole al oído que quería probar algo nuevo y sucio. Sin pensarlo dos veces, él le arrancó el vestido de un tirón, dejándole los pechos al aire y el tanga empapado pegado al coño, mientras ella se agachaba a chuparle la polla hasta que quedó bien dura y brillante de saliva. Con un gemido gutural, la agarró del pelo y la empujó contra la cama, obligándola a ponerse a cuatro patas con el culo en pompa, abierto y tembloroso, listo para que le metiera la verga hasta el fondo. Ella gruñó como una perra en celo cuando sintió la cabeza gruesa de su polla rozándole el agujero, que ya estaba más mojado que un río, pero él no le dio tiempo a quejarse: con un empujón seco, se la clavó hasta las pelotas, arrancándole un aullido que resonó en toda la casa. Las embestidas fueron brutales, cada impacto le sacudía el cuerpo entero, haciendo que sus tetas rebotaran como locas mientras él le gritaba que aguantara el dolor y disfrutara como la puta que era. Ella se agarraba a las sábanas con los nudillos blancos, los gemidos se mezclaban con el sonido húmedo de la carne chocando contra la carne, y en menos de cinco minutos ya estaba rogando por que le llenara el culo de leche caliente. Cuando él sintió que se le tensaban los huevos, se la enterró hasta la raíz y se corrió dentro de ella con un rugido, sintiendo cómo su culo se contraía alrededor de su verga al recibir cada gota de semen, dejándola más sucia y satisfecha que nunca. Al terminar, se desplomó sobre la cama con las piernas temblorosas y el coño goteando, pero aún con la polla dentro, palpitando dentro de su agujero mientras él le susurraba que repetirían la jugada muy pronto.