Mujer latina se masajea tetas y pezones con espuma
La morena se recuesta en el sofá con un suspiro largo mientras sus dedos resbalan sobre la espuma fría que cubre sus tetas caídas pero bien formadas. Lleva unos días sin que nadie le toque ahí abajo, así que decide darse un gusto con lo que tiene a mano: una botella de jabón líquido que dejó su marido después de ducharse. Se frota los pezones hinchados con movimientos circulares, sintiendo cómo se le ponen duros como guijarros bajo sus yemas mojadas. La espuma le resbala por los senos flácidos pero con areolas grandes y oscuras, dejando un rastro blanco que brilla bajo la luz tenue de su dormitorio. Gemidos ahogados escapan de su boca cuando aprieta el pezón derecho entre el pulgar y el índice, imaginando que son unos labios carnosos los que se lo chupan con avidez. Sus tetas pequeñas pero bien dibujadas se mueven al ritmo de su respiración entrecortada, mientras con la otra mano se agarra el culo prieto y lo estruja con fuerza. La espuma se le pega a la piel pálida y sudorosa, formando burbujas que revientan con un sonido sordo cada vez que sus dedos se hunden en la carne blanda. Una gota de líquido espeso le resbala por el escote hasta el ombligo, y ella la sigue con la mirada, mordiéndose el labio inferior al pensar en lo que le gustaría hacerle a su coño si en vez de espuma usara saliva. Los pezones empiezan a dolerle de tanto frotar, pero no para, al contrario, acelera el ritmo hasta que un escalofrío le recorre la espalda y suelta un gemido ronco que hace vibrar las paredes del cuarto. La espuma se le escurre entre las piernas, mezclada con los jugos que ya le empapan las bragas, y ella se da cuenta de que no necesita a nadie más para correrse: con dos dedos se abre los labios del coño y se frota el clítoris hinchado mientras sigue masajeando sus tetas con la otra mano, imaginando que son unas tetas de verdad, grandes y pesadas, las que le aprietan los pezones con fuerza. El orgasmo le llega sin aviso, sacudiéndole el cuerpo entero mientras un chorro de leche brota de sus pezones y le resbala por las costillas hasta perderse en la espuma que ahora cubre todo su torso. Se queda jadeando, con los muslos temblorosos y las tetas temblando, sabiendo que esta vez se le va a notar que se tocó sinvergüenzona, pero a ella qué más da, porque hoy se sintió puta y eso le encantó.