Milfs con lenguas en mi culo bien empalagoso
Esa noche la vieja del tercer piso ya llevaba horas frotándose contra el marco de la puerta mientras yo me quitaba la camiseta sudada después del gimnasio. Con un gemido ronco me ordenó que me doblara sobre la mesa de la cocina porque quería probar algo bien sucio, algo que ni su marido había visto. Sin pensarlo dos veces me bajé los pantalones y dejé que su lengua experta se deslizara por mi entrada temblorosa, lamiendo con movimientos circulares que me hicieron arquear la espalda de puro placer. Ella gruñía como una perra en celo mientras sus dedos se clavaban en mis nalgas para abrirme aún más, chupando y mordisqueando hasta que el coño le goteaba de lo mojada que estaba. Unas gotas de saliva le resbalaron por la barbilla mientras me escupía en el agujero, preparándome para algo más grande que sus dedos regordetes. Cuando por fin se puso de pie, con el culo bien redondo apretando contra mi polla dura como una roca, me empotró contra la pared en perrito mientras su lengua seguía jugando con mi culo sin piedad. Los golpes secos de su cadera contra mis nalgas sonaban como latigazos, y cada embestida me llevaba más cerca de un orgasmo que me dejaría sin aire. Ella me susurró al oído que quería sentirme correrme dentro de su garganta sucia, pero antes de eso se arrodilló frente a mí y me metió hasta la garganta, ahogándose con mis huevos mientras me mamaba como si no hubiera mañana. El calor de su boca era insoportable, la humedad me envolvía por todos lados mientras sus tetas pesadas rebotaban contra mi muslo. Cuando ya no pudo aguantar más, se levantó de un salto y me besó con saña, compartiendo ese gusto a sudor y a sexo sucio que solo las putas de experiencia como ella saben dar. Me empujó contra el sofá y se sentó a horcajadas sobre mi cara, ahogándome entre sus nalgas empapadas antes de bajarse lentamente hasta que mi lengua tocó su coño bien depilado y baboso. Los gemidos que soltó mientras me ordeñaba con sus muslos fueron música para mis oídos, y cuando por fin me dejó correrme sobre su barriga redonda con chorros gruesos y calientes, juré que esa noche me recordaría hasta el final de mis días.