La esposa árabe le da un masaje anal al soldado americano
Esa tarde en el hotel de Dubai, te voy a contar cómo todo empezó con miradas robadas y roces casuales entre las sábanas. La esposa árabe, con ese culo redondo y firme que no podía dejar de mirar, había estado jugando con el soldado desde hacía días. Cada vez que sus manos se deslizaban por su espalda durante los masajes, sentía cómo su polla se ponía dura bajo el uniforme. No aguanté más y le susurré al oído que quería probar algo nuevo, algo que lo volviera loco. Cuando sus dedos empezaron a masajear su culo, él gimió como un perro en celo, y yo me mojé al ver cómo su cara se retorcía de placer. Le metí un dedo, luego dos, hasta que su agujero se relajó lo suficiente para que mi mano entera entrara. El soldado jadeaba, agarrando las sábanas con fuerza mientras yo le frotaba la próstata sin piedad. Cuando saqué mi mano, estaba cubierta de su leche espesa, y él me miró con una sonrisa de satisfacción. En ese momento, supe que no había vuelta atrás: quería que me follara como a una puta árabe, y no pararía hasta que me corriera dentro. Ahora mismo, mientras escribo esto, sigo sintiendo el calor de su polla en mi culo, y no puedo dejar de pensar en la próxima vez que lo haga gemir así.