Mi profesora me dijo que si me portaba bien, me dejaría follármela con su uniforme
La primera vez que vi a La Yummyy con su minifalda ajustada, supe que no iba a aguantar mucho. Me dijo que si me portaba bien, no me pondría más tareas, pero lo que no sabía era que yo ya tenía mi propia lección preparada. La empujé contra la pared, le subí la falda y le arranqué las bragas de un tirón. Su coño ya estaba mojado, y no perdió tiempo en gemir cuando le metí los dedos. Escuché pasos afuera, pero no me importó, seguí chupándole los pezones mientras ella se mordía el labio para no gritar. Le di la vuelta y le bajé las bragas hasta los tobillos, dejando su culo al aire. Le metí la polla de una estocada, y ella se agarró de la mesa para no caer. Cada embestida hacía que su culo chocara contra mi vientre, y los golpes resonaban en la habitación. Le tapé la boca con una mano para que no la escucharan, pero sus gemidos ahogados solo me ponían más duro. Cuando sentí que ya no aguantaba más, la saqué y me corrí sobre su espalda, dejando mi leche blanca sobre su piel blanca. Al final, La Yummyy solo pudo sonreír, sabiendo que había aprendido la lección mejor que nadie.