Mi ex me empotró duro hasta dejarme sin aliento
Después de meses sin verlo, el muy cabrón apareció en mi puerta con esa sonrisa de superioridad y un bulto que no dejaba lugar a dudas. Traía puesto el mismo perfume barato de antes, ese que me ponía cachonda sin querer, así que no tardé ni cinco segundos en dejarlo pasar. En cuanto cerró la puerta, me empujó contra la pared, me arrancó el vestido de un tirón y me metió dos dedos bien profundos en el coño empapado sin avisar. Gemí como una puta al sentir su verga caliente rozándome el culo mientras me susurraba al oído que llevaba semanas soñando con esto. Me dio la vuelta como si pesara nada, me dobló sobre el sofá y se clavó entre mis nalgas sin piedad, empotrándome con fuerza hasta que el sofá crujía y yo gritaba de placer mezclado con dolor. Cada embestida me dejaba sin aire, con la polla haciéndome cosquillas en el útero mientras mis tetas rebotaban al ritmo de sus embestidas brutales. Me ordenó que le chupara la verga hasta ahogarme, así que abrí la boca bien grande y me tragué su glande hasta que se me saltaron las lágrimas, saboreando su pre-semen salado mezclado con mis babas. Cuando ya no pude más, me tumbó en el suelo, me abrió de piernas y me llenó el coño de corrida espesa mientras me mordisqueaba los pezones duros como piedras. Terminó escupiéndome en la cara, restregándome su leche por las mejillas y el labio superior como si fuera un trofeo, pero a mí solo me importaba que su verga seguía dura y lista para otra ronda. Me levantó en vilo, me empaló contra la pared y se corrió dentro de mí a chorros, empapándome las entrañas mientras ambos jadeábamos como animales en celo. Cuando por fin se retiró, me dejó tirada en el suelo, con el coño goteando su leche, las piernas temblorosas y la piel marcada por sus uñas y su sudor.