Colegiala cachonda se masturba con furia en su cuarto
La rubia de uniformes ajustados no podía sacarse de la cabeza el recuerdo de cómo se le había mojado el coño al ver ese video la noche anterior. Se quitó la falda con rabia, dejando al descubierto unas bragas tan empapadas que ya se le pegaban al culo como un chicle. Con las tetas rebotando bajo la blusa blanca, se tiró sobre la cama y metió dos dedos en su coño chorreante, gimiendo como una puta desesperada por aliviar tanta tensión. El espejo del tocador reflejaba su piel sudorosa y las piernas abiertas, mostrando cómo el clítoris se le hinchaba cada vez que se frotaba con más fuerza. Mientras se retorcía, imaginaba que eran mis dedos los que le metían y sacaban de su rajita, empapándola aún más con sus fluidos calientes. No pasó mucho antes de que empezara a correrse en espasmos violentos, gritando mi nombre con la voz quebrada mientras un chorro de leche brotaba entre sus muslos, manchándole el colchón de un líquido blanco y espeso. Las tetas le temblaban sin control, los pezones duros como piedras, y no pudo evitar llevarse una mano a la boca para ahogar los gemidos cuando el orgasmo la partió en dos. Al terminar, quedó tirada en la cama, respirando como si hubiera corrido una maratón, con el coño abierto y el culo lleno de jugos que le resbalaban hasta el suelo.