Madrastra compra muñeca con mi cara para follarme
El muy cabrón se gastó un dineral en una muñeca de silicona con mi cara, igualita hasta el lunar que tengo en la cadera, y ahora no para de compararme con ella mientras me pone los tangas de encaje que le robé del cajón. La primera vez que la vi desnuda sobre la cama con las medias de red puestas me dio un escalofrío, pero al tocarla supe que no había vuelta atrás: la piel fría de la muñeca no se mojaba como mi coño, que ya chorreaba cuando me arrancó las bragas de un tirón y me empotró contra el espejo del baño sin avisar. Gemía como puta barata mientras me clavaba su polla gruesa y venosa, gritando que era más real que la muñeca porque yo sí le hacía gritar de verdad, con los muslos temblorosos y el culo abierto de par en par esperando cada embestida brutal que me dejaba sin aire. Me lamía el clítoris con la lengua gruesa y húmeda mientras me agarraba los pechos pequeños pero firmes, mordisqueándome los pezones duros como piedras hasta que el semen caliente me llenó el útero con chorros fuertes que me hicieron correrme tres veces seguidas, dejando el suelo del baño pegajoso y mi espalda marcada con los moretones de sus dedos sudados. La muñeca seguía ahí, mirándome con mi cara de idiota, mientras él se limpiaba la polla en mi pelo y me susurraba al oído que la próxima vez traería una con tetas más grandes para que no pueda compararme. Yo solo atiné a reírme, con el coño aún palpitando y el culo adolorido de tanto coger, sabiendo que esa noche había cruzado una línea de la que ya no habría regreso.