Lucí Belle se deja empotrar por un negro bien dotado
El sofá de la sala estaba demasiado cerca de la ventana, y cada crujido de los muelles me hacía saltar del susto, pero no podía parar. Me había puesto ese vestido ajustado sabiendo que él vendría, que su polla negra gruesa no podría resistirse a mi culo apretado. Cuando por fin entró, ni siquiera me saludó, solo me empujó contra el respaldo y me subió la falda de un tirón. Sentí sus dedos abriéndome, probando si estaba lo suficientemente mojada, y gemí bajito, tapándome la boca para que los vecinos no escucharan. 'No hagas ruido', me susurró al oído, pero sus embestidas eran tan fuertes que el sofá se movía solo. Cada vez que me penetraba hasta las pelotas, mis uñas se clavaban en los cojines, dejando marcas de la presión. No podía evitar soltar gemidos ahogados, mordiendo el almohadón para no gritar. Él me agarraba de las caderas, marcándome la piel con sus dedos, y yo me arqueaba, sintiendo cómo su verga me llenaba por completo. En más de 11 minutos, me hizo correrme dos veces, pero lo mejor fue cuando se sacó y me llenó el culo de leche espesa, dejándome toda manchada. Al final, solo quedó mi tanga tirado en el suelo, hecho jirones.