Anne Antonela prueba el placer de la máquina de follar sola en casa
Era media tarde y la casa estaba en silencio cuando decidí que ya no podía aguantar más las ganas de sentir algo duro dentro de mí. Me acerqué a la máquina con el culo ya mojado, imaginando que alguien podría entrar en cualquier momento y pillarme disfrutando como una perra en celo. Empecé a frotar mi polla contra la base, sintiendo cómo se endurecía más con cada roce, mientras mis gemidos quedaban ahogados entre los labios. ¿Te gustaría estar en su lugar, viéndome así de excitada? Me monté de un salto, sintiendo cómo la máquina me penetraba hasta las pelotas, y cada embestida me hacía gritar más fuerte, aunque tenía que taparme la boca para que los vecinos no escucharan. El riesgo de ser descubierta solo me ponía más caliente, y cuando aceleré el ritmo, el sonido de mi culo chupando la verga de plástico se mezclaba con mis jadeos desesperados. Sabía que no aguantaría mucho, pero no quería parar, no hasta correrme como una puta en celo. Al final, cuando el orgasmo me sacudió, solo podía pensar en lo bien que me había sentido rompiendo las reglas y follando como una loca.