La profesora mayor follada por su alumno caliente
La señora López siempre tuvo una mirada que lo dejaba tieso cada vez que él pasaba frente a su escritorio con esos pantalones ajustados, pero hoy el profesor de educación física no pudo resistirse a su lengua sucia y esos labios gruesos mordiendo el borde de su vaso de whisky mientras le decía 'ven, juégatela conmigo'. Con las medias negras bien tensas en sus muslos rollizos y los tacones clavando el suelo, ella se arrodilló en el sofá del salón después de clases para chuparle la polla gruesa como un tronco, gimiendo con voz ronca cuando sintió cómo se le llenaba la boca de veneno espeso al tragar cada centímetro sin dejar ni una gota. Él le agarró el pelo teñido de rubio y se la empotró hasta el fondo, haciendo que los pechos enormes de ella se sacudieran con cada empujón, mientras el coño pelado y bien lubricado dejaba escapar chorros de jugos al ritmo de sus embestidas brutales. Las medias se le bajaron hasta los tobillos cuando él la levantó en vilo y la tiró contra la mesa de madera, arrancándole el tanga de encaje negro que se le clavaba entre los labios hinchados de placer, y ahí, con las piernas abiertas mostrando un coño que parecía una boca ansiosa, la penetró sin piedad hasta que sus caderas chocaban contra ese culo prieto y redondo que temblaba bajo sus manos sudorosas. Ella gritó como una perra en celo cuando sus pelotas grandes y pesadas golpeaban contra su clítoris hinchado, sintiendo cómo cada embestida le arrancaba orgasmos que la dejaban mojada como nunca, con los jugos resbalando por las nalgas y empapando el asiento de la silla donde él la había sentado antes. La profesora se corrió tan fuerte que un chorro grueso le salió disparado entre las piernas, mojando la alfombra persa mientras su alumno le llenaba el coño de leche espesa una y otra vez, hasta que los dos quedaron exhaustos sobre el suelo, con el olor a sexo y a sudor mezclándose en el aire cargado del aula vacía.