La hermanastra Keely Rose no aguanta ver la polla dura de su hermano
El sol de la tarde entraba por la ventana de mi habitación, dibujando sombras en las sábanas revueltas. No esperaba que Alex Jett apareciera así, con esa mirada de depredador, la polla ya dura bajo el pantalón ajustado. Me mordí el labio cuando noté el bulto, algo en mí se encendió al ver cómo me miraba, como si supiera exactamente lo que quería. Me acerqué sin pensar, mis dedos temblorosos desabrochando su cinturón, y al liberar esa verga gruesa, casi me corro solo de verla. No podía creer lo grande que era, más de lo que imaginaba, y cuando la tomé con mi boca, el gemido que soltó Alex me hizo mojarme al instante. Me subí encima, sintiendo cómo esa polla me partía en dos, cada embestida más profunda, hasta que las caderas chocaban contra las mías. Alex gruñó cuando me clavó hasta el cuello del útero, y yo grité, sintiendo cómo me llenaba entera. No podía parar, moviéndome como una loca, hasta que sentí el chorro caliente dentro de mí, su leche rebosando mientras yo me corría como una puta en celo.