Esposa argelina baila sexy para su marido cachondo
Desde que se casó con ese francés de ojos verdes, ella nunca dejó de mover las caderas de esa forma tan pecaminosa, pero hoy el hijab se le resbala de la cabeza mientras baila con los pechos casi saliéndose del vestido ajustado. Él no puede aguantar más y con las manos sudorosas le baja el velo que le tapa media cara, dejando al descubierto unos labios carnosos y una mirada que promete pecado. Ella gime bajito cuando él le agarra los gruesos muslos y la empuja contra la pared, sintiendo cómo el coño le late ya empapado a través de la tela fina del pantalón. Con un tirón brusco le baja el niqab hasta la cintura, descubriendo unos pechos redondos y duros que le piden chupar con desesperación, los pezones oscuros ya duros como piedras. Él se baja el pantalón de un tirón y saca una verga gruesa y palpitante que ella agarra con ambas manos, lamiendo la punta con ansias mientras escucha cómo él jadea y le sujeta la melena entre sus dedos. La pone a cuatro patas en el suelo de baldosas frías, le sube el vestido hasta la cintura y le baja las bragas de un golpe, dejando al aire un coño depilado y brillante que brilla bajo la luz tenue del salón. Antes de que ella pueda reaccionar, él le clava la polla de una sola embestida, haciéndola gritar de placer mientras sus tetas se balancean al ritmo de los golpes profundos que le da sin piedad. Ella no para de gemir, mordiendo un cojín para no alertar a los vecinos, mientras él le agarra las caderas con fuerza y le clava la verga hasta que los huevos le golpean el clítoris hinchado. Cuando siente que el orgasmo la invade como un maremoto, él acelera el ritmo y le suelta una corrida caliente que le llena el coño por dentro, haciendo que ella se corra otra vez al sentir cómo la leche le resbala entre las piernas. Los dos quedan jadeando en el suelo, sudorosos y satisfechos, mientras ella se lame los labios y él le susurra al oído lo puta que se pone cuando la empotra así.