Rubia madura se deja chupar el coño en el baño
La vecina rubia, de tetas grandes y culo redondo, llevaba días coqueteando con miraditas desde el otro lado del jardín cada vez que él salía a regar las plantas con el torso al aire. Hoy no pudo resistirse y lo invitó a su casa con el pretexto de mostrarle el nuevo jabón aromático de su baño. Nada más cruzar la puerta, la mujer se quitó el vestido sin pudor alguno, mostrando unas bragas negras tan ajustadas que se le metían entre los labios carnosos de su coño depilado. Él no necesitó más invitación: se abalanzó sobre ella, le bajó las bragas de un tirón y se hundió entre sus piernas con la lengua bien afuera, lamiendo ese coño empapado que olía a sexo y a perfume barato. Ella gimió fuerte al sentir los primeros lengüetazos, agarrándole la cabeza con ambas manos para apretarlo más contra su entrepierna, mientras sus caderas empezaban a moverse al ritmo de cada lametón. Él no se conformó con chupar: le metió dos dedos bien hondo, curvándolos para rozarle el punto más sensible mientras su lengua jugaba con el clítoris hinchado. Los gemidos de ella se volvieron desesperados, mezclándose con el sonido húmedo de su boca devorando ese coño que ya goteaba como un grifo abierto. Sin poder aguantar más, la rubia lo empujó contra la pared del baño, se arrodilló frente a él y le sacó la polla dura que ya le apretaba el pantalón, empezando a mamársela con una avidez que le hacía temblar las tetas caídas. Él no tardó en reaccionar: la levantó en volandas, la sentó sobre el lavabo y con un empujón seco le metió toda la verga hasta el fondo, empotrándola contra la cerámica fría mientras ella gritaba de placer. Las embestidas eran brutales, el culo de ella rebotando contra su pelvis con cada golpe, y él no se detuvo hasta que sintió cómo su coño se contraía en espasmos alrededor de su polla, apretándola con fuerza mientras su leche caliente le llenaba las entrañas sin remedio. Cuando terminaron, él se quedó jadeando, con las manos temblorosas sobre esos muslos gruesos que ahora brillaban con el sudor y los jugos derramados, mientras ella se limpiaba los labios hinchados con la mano y le susurraba al oído que quería repetirlo mañana mismo.