Dos tipos duros empalando a la morra de culito perfecto
La zorra australiana Kiki Isobel llegó con ese culo respingón que se le marcaba bajo el short ajustado y el par de tetas que rebotaban al caminar, y los dos cabrones no pudieron resistirse cuando se agachó a recoger el trapo que se le cayó en la cocina. Con una sonrisa pícara y los labios pintados de rojo, les dejó claro que esa noche no habría juegos inocentes: se quitó el short de un tirón y les mostró el coño empapado mientras se lamía los dedos con descaro. El más musculoso, Steve Rickz, la agarró por las caderas y la empotró contra la encimera sin piedad, sintiendo cómo el calor húmedo de su conejita lo abrazaba mientras ella gritaba de placer con cada embestida profunda que le dejaba el coño hecho un desastre. Mientras tanto, Alfie no perdió el tiempo y se colocó frente a ella, empujando su gruesa polla hasta el fondo de su garganta hasta hacerla atragantarse, con los huevos golpeándole la barbilla mientras le llenaba la boca de babas y gemidos. Kiki no se quedó atrás: se contoneó sobre el rabo de Steve en posición de vaquera invertida, apretando ese culo prieto contra su pelvis mientras los dos tipos le azotaban los muslos y le susurraban obscenidades al oído. Las embestidas se volvieron más brutales, el sonido de carne contra carne resonaba en la cocina junto a los gritos ahogados de ella y los gruñidos roncos de los dos machos, que no podían saciarse de ese cuerpo curvilíneo que se retorcía entre sus manos. Steve cambió a la postura del perrito, hundiendo la polla hasta las bolas en su coño chorreante mientras le agarraba los pechos con fuerza y le dejaba marcas de dedos en la piel, y Alfie se unió por detrás para lamerle el culo antes de clavarle la verga con fuerza, alternando entre empalarla por delante y por detrás hasta que Kiki perdió el control. Los chorros de leche caliente le llenaron el vientre una y otra vez, mezclándose con los fluidos de su coño desbordado mientras los tres se derrumbaban sobre el suelo, jadeando y sudorosos, con las piernas temblorosas y el alma satisfecha.