Chica pakistaní virgen recibe polla dura por primera vez
La morena de ojos oscuros llevaba meses escondiendo su coño virgen entre faldas largas y sonrisas tímidas cada vez que él pasaba a su lado con esa polla que le hacía temblar las piernas. Esa noche, después de un par de tragos de whisky robado, la suerte los unió en un rincón oscuro del bar: sus labios carnosos buscaron los suyos con desesperación mientras él le arrancaba el velo de la cabeza sin pensarlo dos veces. Con los dedos hundidos en su culo prieto, la levantó contra la pared mientras ella gemía con voz ronca, sintiendo por primera vez cómo la punta gruesa de su verga se abría paso entre sus muslos temblorosos, resbaladizos por el jugo que ya le empapaba las bragas de encaje. El dolor inicial se convirtió en un placer animal cuando él la empaló de una sola estocada, hundiéndose hasta las bolas en su coño estrecho y virgen que lo abrazaba con una fuerza que lo dejó sin aliento. Ella gritó, arañando su espalda mientras él le susurraba al oído obscenidades en urdu mezcladas con gruñidos, embistiéndola sin piedad contra la madera fría del reservado, cada golpe haciendo que su culo rebotara contra su pelvis con un sonido húmedo y obsceno. Los pechos pequeños y firmes de ella botaban al ritmo salvaje de sus embestidas, los pezones duros como piedras rozando su piel sudorosa, mientras los gemidos se le escapaban entrecortados entre mordiscos al hombro de él. La polla, enrojecida y brillante por el coño empapado, entraba y salía con un chapoteo obsceno que resonaba en el pasillo vacío, mezclándose con el olor a sexo y alcohol que inundaba el ambiente. Cuando él sintió que los muslos de ella se le aferraban como un tornillo y sus jadeos se volvieron frenéticos, supo que estaba a punto de correrse dentro de ese coño virgen que lo había vuelto loco desde el primer día, así que la giró bruscamente para empotrarla contra el suelo, con las piernas en alto y el culo levantado para recibir cada embestida profunda que la dejaba sin voz. El orgasmo la atravesó como un rayo, su coño convulsionando alrededor de su polla mientras él le llenaba las entrañas con chorros espesos de leche caliente, gruñendo como un animal mientras le marcaba el útero con cada gota de su corrida, que se escurría por sus muslos temblorosos y manchaba el suelo del bar.