Camarera tetona se quita el delantal y muestra sus tetas gigantes
La camarera de turno llevaba el uniforme ajustado que dejaba ver cada curva de su cuerpo, pero hoy la cosa iba a ser más explícita. Con una sonrisa pícara y sin perder ni un segundo, se quitó la blusa blanca dejando al descubierto unos pechos enormes que se balanceaban al ritmo de sus pasos. El delantal voló por los aires y sus pezones duros se marcaban bajo el sujetador de encaje negro, que no tardó en soltar con un tirón seco. Se quedó completamente desnuda sobre la mesa de la cocina del local, con las tetas gordas y pesadas moviéndose mientras se masajeaba los pezones entre sus dedos, gruñendo de placer al sentir cómo se le endurecían aún más. Entre gemidos ahogados, se acarició el coño empapado, metiendo dos dedos bien profundos mientras se imaginaba la polla dura de algún pobre desgraciado que entrara por la puerta. Las piernas le temblaban de anticipación y el culo prieto se le contraía cada vez que imaginaba cómo sería que la empotraran contra la pared del baño o sobre la barra del bar, con sus tetas rebotando al ritmo de cada embestida. Se tocó el clítoris hinchado hasta que no pudo aguantar más y se corrió gritando, con el coño chorreando sobre la mesa de madera mientras las tetas le temblaban de placer. La leche le resbalaba por los muslos y el olor a sexo inundaba el ambiente, pero ella no podía parar: quería más, mucho más, y esta vez no importaba si la descubrían los clientes o el dueño del local. Con las tetas rebotando sin control, se tumbó boca arriba en la mesa y se abrió de piernas, mostrando su coño depilado y brillante mientras se masturbaba con furia, lista para recibir a quien fuera que entrara y quisiera follársela hasta dejarla sin aliento.