Miku brasileña se empala con verga peluda furry
Miku llevaba horas en su perfil de Roblox mostrando sus tetas gigantes mientras el tipo de la máscara de zorro no podía quitarle la mirada de encima... La morena, con los pezones ya duros como piedras, se acercó a él juguetona y le susurró al oído que quería sentir su verga bien gruesa dentro de ese coño que llevaba horas imaginando. Él, más cachondo que una cabra, le arrancó el vestido sin piedad y se quedó boquiabierto al ver esas tetas enormes balanceándose libres, con los pezones rosados y duros como chicles. Miku se agachó de inmediato para chupar esa polla peluda que asomaba entre las piernas del tipo, sintiendo cómo el vello le hacía cosquillas en los labios mientras la embestía con la lengua hasta dejarla bien mojada. Él la agarró del pelo con fuerza y la obligó a ponerse de rodillas sobre la alfombra del salón, donde sus tetas gigantes chocaban contra el suelo cada vez que el tipo le metía la verga hasta el fondo con embestidas brutales que le hacían gritar como una puta en celo. Miku, con los ojos vidriosos de lujuria, se dio la vuelta y se apoyó en la mesa del comedor ofreciéndole ese culo prieto y redondo para que la empalara sin piedad. Él, con las venas de la polla a punto de reventar, se la clavó de una sola vez hasta tocarle el fondo y ella soltó un gemido gutural que resonó por toda la casa mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida profunda. El tipo, con las pelotas bien cargadas, le agarró las tetas con ambas manos y empezó a bombearle el coño sin piedad hasta dejarla completamente empapada, con los jugos resbalando por sus muslos mientras él le gruñía como un animal en celo. Miku, al borde del orgasmo, le suplicó que le llenara el coño con su leche caliente y él, sin dudarlo, le dio la vuelta y se la empotró contra la pared mientras le mordisqueaba el cuello y le agarraba las nalgas con fuerza para no salirse ni un milímetro. La verga peluda se hinchó dentro de ella como nunca antes mientras los dos jadeaban como bestias, y justo cuando ella sintió que se corría con espasmos que le sacudían todo el cuerpo, él le soltó la leche bien adentro con un rugido que casi la deja sin aliento. Los dos quedaron tirados en el suelo, exhaustos y sudorosos, con las tetas de ella aún temblando y el coño bien usado goteando por todos lados mientras él se quitaba la máscara para besarla en la boca con un sabor a sexo y sudor que los dejó locos por más.