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Dos tetonas follan salvajes sin parar en el sofá

10:23 1080P 3 Tetas Grandes
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Estúdio WydeSyde

La más vieja de las dos, con esos pechos gordos que le rebotan cada vez que se mueve, le clavó la mirada a la más joven mientras se lamía los labios bien rojos. La morena, más menuda pero con un culito prieto que le pedía a gritos que la empotraran, no pudo resistirse y se lanzó encima de ella restregando su coño empapado contra los muslos firmes de la rubia. La tetona mayor, con esos pezones duros que se le marcaban bajo la blusa ajustada, le agarró del pelo a la otra y le metió la lengua hasta la garganta mientras le sobaba las nalgas llenas con ambas manos. La morena, jadeando como una perra en celo, le bajó los pantalones a la rubia y le sacó esas tetas enormes que le temblaban al compás de cada respiración entrecortada. Sin perder tiempo, se agachó y se tragó la polla de plástico que la rubia se había puesto para jugar antes, pero al sentirla dura y gruesa entre sus labios, se le escapó un gemido ahogado mientras le chupaba la punta con desesperación. La rubia, con las mejillas rojas y los ojos vidriosos de lujuria, la agarró de las caderas y la volteó boca abajo sobre el sofá, dejando al descubierto ese coño chorreante que ya goteaba por los muslos. Con un gruñido animal, le separó las nalgas con los dedos y se clavó en ella de una sola estocada, haciendo que la morena chillara de placer al sentir cómo la llenaba hasta el fondo. Los golpes secos de pelvis contra trasero resonaban en toda la sala mientras la rubia la empotraba sin piedad, sus tetas bamboleándose como gelatina al ritmo de cada embestida brutal. La morena, con los dedos enterrados en el sofá y la cara pegada al cojín, no paraba de gritar obscenidades entre sollozos, su coño empapado chorreando jugos cada vez que la polla la atravesaba por completo. La tetona mayor, totalmente fuera de sí, se corrió primero con un aullido gutural, empapando la polla de plástico con sus jugos mientras la morena, al sentirla temblar dentro, se dejó llevar por el orgasmo más intenso de su vida, apretando las nalgas contra la cara de la rubia para que no se le escapara ni una gota de leche. Cuando por fin se derrumbaron exhaustas sobre los cojines, ambas respiraban como bestias, sus cuerpos pegajosos de sudor y sus sexos aún palpitantes de placer.

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