Hermanastras cachondas se follan sin luz en casa
La tormenta cortó la luz y se quedaron a oscuras, pero el calor entre ellas no se apagó ni un segundo. Lucía, con sus tetas desbordantes y el vestido pegado al cuerpo sudoroso, no pudo evitar morderse el labio al ver a Sofía quitándose el sujetador frente a ella. Las dos se miraron con una sonrisa pícara, sabiendo que el aburrimiento ahora era lo de menos. Sofía se acercó arrastrando los pies descalzos sobre el piso frío, le agarró el pelo a Lucía y le plantó un beso brusco en la boca mientras le apretaba una teta con fuerza, haciendo que un gemido ahogado se le escapara de la garganta. Lucía, sin pensarlo dos veces, le bajó los pantalones de pijama a Sofía y se agachó para chuparle la polla bien dura, lamiéndole el glande con movimientos lentos y circulares mientras escuchaba los jadeos de su hermanastra volverse más intensos. Sofía le agarró la cabeza y la empotró contra su entrepierna, sintiendo cómo la lengua de Lucía le recorría toda la verga hasta la base antes de engullírsela entera. Entre gemidos y resbalones de saliva, Sofía la levantó de un tirón y la empujó contra la pared, arrancándole las bragas de un tirón y metiéndole dos dedos en el coño empapado mientras le mordisqueaba el cuello. Lucía gritó, sintiendo cómo el calor le subía por la espalda, y se dio la vuelta para ofrecerle el culo, que Sofía no dudó en embestir con fuerza, llenándola de sudor y gemidos que resonaban en la casa vacía. Las embestidas eran brutales, el sonido de sus cuerpos chocando llenaba el silencio, y Lucía solo podía gritar cada vez que Sofía le golpeaba el clítoris con la raíz de su polla, sintiendo cómo el orgasmo le recorría el cuerpo como un relámpago. Sofía se corrió primero, con un rugido gutural, y luego empujó a Lucía contra el suelo, donde se la folló como una bestia hasta que ambas quedaron exhaustas, sudorosas y con el coño y el culo bien usados, respirando entrecortadamente mientras la luz seguía sin volver.