Blakchilly gime mientras mi polla enorme la parte en dos
Agarré a Blakchilly por la cintura y la tiré sobre el colchón antes de que pudiera reaccionar, mi verga negra como un asta de acero ya brillando por la saliva que ella misma se había puesto en la boca minutos antes, cuando creyó que yo no miraba. Pero yo ya había notado cómo me observaba mientras me desvestía, cómo mordía el labio al descubrir el tamaño de mi polla, y decidí darle una sorpresa: le arranqué el tanga con los dientes y la penetré de golpe, sintiendo cómo su coño apretado cedía bajo la presión de mi miembro. Ella gritó, pero no de dolor, sino de esa mezcla de placer y asombro que solo llega cuando una mujer descubre que su cuerpo puede admitir más de lo que imaginaba. Sus tetas grandes rebotaban con cada embestida, y yo le sujetaba las caderas para clavármele hasta que sus muslos temblaban, hasta que sus uñas se hundían en mi espalda y sus gemidos se convertían en un llanto ahogado. 'Puta, ¿así te gusta?', le escupí al oído mientras le tiraba del pelo, y ella solo pudo asentir, la boca entreabierta, los ojos vidriosos, completamente rendida a mi ritmo. Cuando por fin me corrí, lo hice hasta que su vientre quedó marcado, hasta que sus paredes vaginales todavía se contraían alrededor de mi polla, hasta que ella murmuró entre jadeos: 'No sabía que podía caberme tanto...'.