Betty skaly disfruta su primera doble penetración anal
—Cállate, que nos van a escuchar— susurró Betty skaly mientras mordía la almohada, pero sus gemidos ahogados no podían contener la polla gruesa que le abría el culo de par en par. Las manos de él le apretaban las caderas, marcando el ritmo de las embestidas, mientras la otra verga le llenaba la boca hasta hacerla llorar. Cada movimiento era un riesgo: el marido podía volver en cualquier momento, los vecinos escuchaban los golpes de la cama contra la pared, y Betty solo podía gemir más fuerte, sintiendo cómo la polla le rozaba el cuello del útero mientras el otro tipo le metía los dedos en el coño mojado. El sudor le caía por la espalda, mezclándose con el semen que ya le goteaba por los muslos, y cuando por fin se corrió, fue tan fuerte que el tipo que la empotraba tuvo que taparle la boca para que no gritara. En más de 10 minutos de escena, Betty pasó de ser una chica tímida a una puta insaciable, con el culo tan abierto que todavía le dolía al levantarse. Al final, solo quedó el olor a sexo en el aire y un calcetín tirado en el suelo, prueba de lo rápido que se habían vestido cuando escucharon el portazo de la puerta principal.