Agatha mama me enseñó lo que es una madrastrasa caliente
La habitación estaba en penumbra, con la luz de la tarde colándose por las cortinas medio corridas, iluminando el cuerpo curvilíneo de Agatha mama tendida en la cama. Llevábamos días intercambiando miradas cargadas de deseo, roces 'accidentales' en el pasillo, suspiros ahogados cuando creíamos que nadie miraba. Pero esa tarde, con la casa vacía y el calor pegajoso de la tarde, ya no aguantamos más. Me acerqué a la cama, sintiendo cómo mi polla se endurecía al ver sus tetas grandes y naturales rebotando con cada movimiento. Sin decir una palabra, le arranqué el tanga con los dientes, dejando al descubierto su coño rosado y ya mojado. Empecé a chuparle el clítoris con fuerza, metiendo dos dedos hasta el fondo mientras ella gemía como una perra en celo. Agatha mama me agarró del pelo, empujándome más contra su entrepierna, y yo no podía dejar de lamerla, saboreando su jugo caliente. Cuando ya no pudo más, me montó a horcajadas, clavándose mi verga entera de una estocada, cabalgándome con fuerza mientras sus tetas se movían al ritmo de sus embestidas. Le di nalgadas fuertes, marcando su culo redondo y tatuado, hasta que se corrió gritando, apretándome con sus músculos vaginales. Yo me vine dentro de ella, llenándola hasta que su coño palpitó alrededor de mi polla. Cuando se bajó, vi a la enteada chubby en la puerta, con los ojos muy abiertos y las mejillas rojas, mordiéndose el labio inferior mientras nos miraba sin poder creer lo que acababa de ver.