Aerith entrena duro y acaba empotrada sin piedad
Aerith sudaba como una loca mientras se retorcía sobre la cinta de correr, sus tetas enormes rebotando sin control bajo la ajustada camiseta mojada que se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. El cabrón del entrenador no pudo resistirse y le agarró el culo prieto con las dos manos, apretando sus carnes prietas hasta hacerla gemir entre dientes. 'Seguro que estás cachonda, zorra', le susurró al oído mientras le bajaba el pantalón corto hasta los tobillos, dejando al descubierto su coño depilado y brillando de lo empapado que lo tenía. Sin perder tiempo, se sacó la polla dura como una roca del pantalón y le ordenó que se agachara sobre el banco de pesas, con las manos apoyadas en el metal frío. Ella obedeció al instante, arqueando la espalda y ofreciéndole ese culo redondo y apetitoso que tanto le volvía loco, mientras él le escupía en el coño para que entrara más fácil. La primera embestida fue brutal, penetrándola hasta el fondo con un golpe seco que le arrancó un grito ahogado, sus tetas chocando contra el banco con cada envite salvaje que le daba por detrás. '¡Más fuerte, cabrón!', le chilló entre jadeos, sintiendo cómo su polla gruesa le estiraba las paredes del coño una y otra vez hasta dejarla temblando. Él no se detuvo ni un segundo, agarrándola de las caderas con fuerza para empotrarla contra el banco hasta que sus muslos le temblaban de placer, mientras el sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos roncos que salían de su garganta. Cuando ya no pudo aguantar más, él la levantó en volandas y la tumbó sobre la colchoneta, subiéndole las piernas hasta casi tocarle las orejas mientras le clavaba la polla sin piedad, sus bolas golpeándole el culo cada vez que se hundía hasta la empuñadura. '¡Voy a reventarte el coño, puta!', rugió mientras aceleraba el ritmo, sintiendo cómo su leche espesa le llenaba las entrañas sin dejar ni gota, dejándola completamente rendida y con las piernas convertidas en gelatina bajo su cuerpo. Aerith quedó tirada en el suelo, jadeando como una poseída, con el maquillaje corrido y el cuerpo completamente molido pero más satisfecha que nunca, mientras él se limpiaba la polla aún dura contra su pelo enredado.