Yris Star se deja empalar por Max Maranhao en un anal salvaje
La habitación estaba iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche, con el olor a sudor y lujuria flotando en el aire cuando Yris Star se arrodilló frente a Max Maranhao, su culo apretado temblando de anticipación. Ella nunca había sentido una polla tan gruesa, pero cuando Max le separó las nalgas con sus manos callosas y presionó la punta contra su agujero virgen, Yris gimió como una perra en celo. La primera embestida fue un choque de carne, un dolor que se convirtió en placer cuando Max empujó hasta las pelotas, haciendo que Yris gritara y se aferrara a las sábanas. Max gruñó al sentir cómo su verga desaparecía en ese culo estrecho, cada movimiento más rápido, más profundo, hasta que Yris no pudo evitar correrse con espasmos violentos. Pero Max no se detuvo: la tomó del pelo, la obligó a arquearse y le clavó la polla una y otra vez, marcando su territorio en ese trasero que ahora le pertenecía. Cuando Max se corrió, lo hizo con un rugido, llenando a Yris hasta que el semen le goteó por los muslos. Ella se quedó temblando, sabiendo que la próxima vez Max no sería tan gentil.