Tres putas calientes se masturban con pollas negras
Alice, Mae y Astrid no podían sacarse de la cabeza la verga negra que habían visto en el video de la vecina, así que se reunieron en el cuarto de baño de Mae para soltar todo lo que llevaban dentro. Alice, con sus tetas gigantes pegadas al espejo, se masturbaba con dos dedos metidos hasta el nudillo mientras gemía como una perra en celo, imaginando que eran los gruesos labios de esa polla africana los que le abrían el coño de par en par. Mae, la más depravada del grupo, se puso un plug en el culo después de untarse el ano con saliva y empezó a gritar que necesitaba algo más grande que los dedos de Astrid, una morena de tetas pequeñas pero con un coño tan jugoso que brillaba bajo la luz del baño. Astrid, sin poder aguantarse, se tiró al suelo y empezó a chupar los pezones de Alice mientras le metía un consolador por el coño, pero no era suficiente: las tres necesitaban sentir esa verga negra dentro, estirando sus paredes vaginales hasta hacerlas llorar de placer. Mae, sin pensarlo dos veces, agarró el móvil y marcó el número de un puto africano que conocían por Tinder, pidiéndole que viniera corriendo porque tres zorras necesitaban ser folladas hasta reventar. Cuando el negro llegó con su polla colgando como un tronco entre las piernas, las tres se lanzaron sobre él como animales en celo, cada una agarrándose a lo que podía mientras él las empotraba contra la pared sin piedad, haciendo que sus coños chorreantes se resbalaran con cada embestida. Alice fue la primera en correrse, con los muslos temblando y el coño empapando la polla del negro, que no tardó en soltar su leche hirviendo dentro de Mae, mientras Astrid aprovechaba para lamerle los restos del semen que le caían por las piernas. Las tres terminaron en el suelo, sudorosas y satisfechas, con los coños aún palpitando y las tetas llenas de marcas de uñas, preguntándose cuándo podrían repetir.