Stacey se deja chupar la polla como una putita
Stacey llegó al apartamento con ese vestido ajustado que se le pegaba al culo como si fuera una segunda piel, dejando poco a la imaginación cada vez que se agachaba para tomar su copa. Sus tetas, duras y pesadas, se movían libres bajo la tela fina mientras ella sonreía con esos labios carnosos mordiendo el borde de su vaso, la mirada llena de promesas sucias. Él no pudo evitar clavarle los ojos, sobre todo cuando ella se lamió los labios después de un trago, dejando un rastro de brillo en ellos que lo volvió loco. Antes de que pudiera reaccionar, Stacey se acercó y le tomó la mano, guiándola directo a su entrepierna donde el tanga ya estaba empapado de su excitación. Con un susurro ronco le dijo al oído que llevaba horas imaginando esa polla gruesa metida hasta el fondo de su coño, y que no aguantaba más sin sentirla dentro. Él la empujó contra la pared del pasillo y le arrancó la ropa a tirones, dejando al descubierto unos pezones rosados que se endurecieron al instante con el aire acondicionado. Stacey gimió fuerte cuando él le mordió el cuello y le metió dos dedos en su sexo empapado, comprobando lo caliente y apretada que estaba. Sin perder tiempo, la levantó en brazos y la llevó al sofá, donde la tumbó boca arriba con las piernas bien abiertas para que él pudiera ver su coño chorreando, los labios hinchados y brillantes de sus jugos. Él se arrodilló entre sus muslos y se la metió de una sola embestida, arrancándole un alarido de placer que resonó por toda la casa. Stacey arqueó la espalda y clavó las uñas en sus hombros mientras él la empotraba sin piedad, el sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con los gemidos ahogados que salían de su garganta. Cada embestida hacía que su coño se retorciera alrededor de su verga, chorreando más y más cada vez que él llegaba al fondo, hasta que ella no pudo aguantar más y se corrió con un grito, empapándole toda la polla de sus jugos. Él no se detuvo ahí, sino que la dio vuelta boca abajo y se la clavó por detrás, agarrándole las caderas con fuerza mientras la follaba como una bestia, sintiendo cómo su culo apretado se amoldaba perfectamente a su miembro. Stacey no paraba de gemir, su coño seguía palpitando con cada embestida profunda, y cuando él le dio una palmada en el culo que dejó marca roja, ella se corrió de nuevo, esta vez sin control, con los muslos temblando y la boca abierta en un grito mudo. Él aceleró el ritmo hasta que ya no pudo aguantar más, y con un gruñido gutural se enterró hasta las pelotas y se corrió dentro de ella, llenándole el coño de leche caliente mientras Stacey temblaba bajo su cuerpo, exhausta y completamente satisfecha.