Escuchas sus gemidos de placer en la oscuridad
Te vas a poner durísimo cuando escuches cómo gime esta puta mientras se retuerce de placer, imaginando que eres tú quien le está metiendo la polla hasta las pelotas. Ella sabe que esto está mal, que no debería excitarse tanto con solo escuchar tu voz susurrándole obscenidades al oído, pero no puede evitarlo: su coño ya está mojado, sus pezones duros como piedras, y cada gemido que escapa de sus labios es más intenso que el anterior. Te vas a correr cuando oigas cómo jadea tu nombre mientras se frota el clítoris con los dedos, imaginando que es tu lengua la que la está chupando. Sus muslos tiemblan, su respiración se acelera, y sabes que está a punto de explotar. No puedes evitar imaginar cómo sería follártela así, con sus piernas alrededor de tu cintura mientras te clava las uñas en la espalda, pidiéndote que no pares. Cuando por fin se corre, su cuerpo se arquea y un grito ahogado escapa de su garganta, dejando una mancha húmeda en las sábanas.