Pareja de swingers se corren en trio salvaje
Naiara y Oden llevaban meses buscando un tercero para saciar sus ganas de folladas sucias sin filtros. La noche que se encontraron con Pepe en un bar cutre, el tipo gótico les soltó un par de frases subidas de tono y ya supieron que sería la leche. No hicieron falta más excusas cuando la morena de tetas caídas se quitó el vestido ajustado y se tiró sobre el sofá destrozado del piso de él, mostrando ese coño bien depilado y chorreante que llevaba horas rogando que la empotrasen. Pepe, con la polla ya dura como una piedra bajo esos pantalones negros ceñidos, no perdió ni un segundo: se acercó, le agarró el pelo grasiento de la nuca y le metió la verga hasta el fondo de la garganta, haciéndola atragantarse con los gemidos mientras Oden le lamía el culo a la chica, con la lengua bien hundida entre sus nalgas temblorosas. La morena no paraba de gritar, con los dedos hundidos en el sofá y las tetas colgando como dos bolsas blandas, mientras los dos tipos se turnaban para reventarle el coño a golpes brutales: primero el gordo le clavaba la polla hasta el útero y luego el otro se la metía por la boca hasta ahogarla, escupiendo saliva espesa sobre su cara sudorosa. Los sonidos eran una mezcla de bofetadas húmedas, gemidos ahogados y los chasquidos de la carne chorreante al chocar contra su piel caliente, mientras el olor a sexo barato y lubricante barato llenaba el aire. Naiara no aguantó más cuando Oden le dio la vuelta y se la folló a cuatro patas contra la pared, con los muslos temblando y el coño tan abierto que dejaba ver hasta el fondo de su útero entre gritos de puta en celo. El momento cumbre llegó cuando los tres se corrieron a la vez: Pepe le disparó un chorro de leche espesa en la garganta mientras ella tragaba con avidez, Oden le llenó el coño hasta rebosar y la chica no pudo evitar correrse otra vez con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo desde los pies hasta la coronilla, dejando manchas de leche y sudor por todas partes. Al terminar, los tres quedaron tirados en el suelo, jadeando como animales satisfechos, con las tetas de ella aún moviéndose al ritmo de su respiración entrecortada y el sabor del semen aún pegajoso en sus labios.