Chica latina chupa polla con boca bien jugosa y sin parar
La morena de curvas apretadas llegó con esa sonrisa pícara que le delataba sus ganas de mamársela bien dura, y él no pudo resistirse cuando ella se arrodilló en el suelo con esos labios carnosos y rojos listos para engullirle la verga sin piedad. Con sus tetas pequeñas pero bien firmes balanceándose bajo la blusa ajustada, la latina empezó a lamerle el glande con movimientos circulares, mojándolo todo con su saliva caliente mientras sus dedos jugaban con sus huevos apretados. La polla le temblaba de placer cuando ella se la metió hasta la garganta en un solo movimiento, ahogándose un poco pero sin soltarse, con los ojos llorosos y las mejillas hundidas mientras tragaba saliva y gemidos ahogados. Él le agarraba la cabeza con fuerza, empotrando su boca sin compasión, sintiendo cómo la lengua de ella se enredaba en su tronco grueso mientras le chupaba las venas marcadas con una lujuria que le ponía la piel de gallina. Cada vez que ella retrocedía para tomar aire, escupía un hilo de saliva que le caía sobre los muslos sudorosos, y luego volvía a tragárselo todo con un sonido de succión húmeda y obscena que le excitaba aún más. La morena no paraba de gemir entre mamada y mamada, con las piernas temblorosas y el coño empapado apretando las piernas mientras se masturbaba sin darse cuenta, sintiendo cómo el sabor salado de su leche empezaba a inundarle la boca. Cuando él le agarró el pelo con más fuerza y le clavó la verga hasta el fondo, ella no pudo evitar correrse mientras tragaba su corrida espesa, con los labios sellados alrededor del tronco mientras su boca se llenaba hasta rebosar. La polla le latía dentro de la boca mientras le escupía los últimos chorros en la lengua, y ella se limpió con la mano temblorosa antes de lamerle hasta el último rastro de semen que le quedaba en los labios inflamados. Se miraron con las pupilas dilatadas, jadeantes y satisfechos, mientras ella se lamía los labios brillantes y él le acariciaba el pelo despeinado con una sonrisa de victoria. La chica no se conformó con una sola ronda, pues segundos después ya estaba de pie, bajándose los pantalones y ofreciéndole su culo prieto para que la empotre contra la pared, pero eso ya es otra historia.