Morena brasileña se deja empotrar todas por todas
Ella llegó con ese culo respingón que le hace babear a cualquier macho y esos labios carnosos que piden a gritos ser chupados sin piedad. Desde el primer contacto, él no pudo evitar pegar su boca a su coño empapado, lamiendo con furia mientras ella se retorcía de placer y le agarraba la cabeza para hundirla más. La morena, con esa mezcla de inocencia y putería que solo tienen las latinas, le susurró al oído que quería sentirlo bien adentro, sin condón y sin límites. Él, con esa verga gruesa que le colgaba pesada entre las piernas, no necesitó más invitación: la levantó en vilo, le clavó las uñas en las nalgas y la empaló contra la pared, sintiendo cómo su coño se abría al máximo para tragarse cada centímetro de polla. La primera embestida la dejó sin aire, con los gemidos ahogados en un grito ronco mientras él le comía la boca y le apretaba el culo para hundirse hasta las pelotas. Pasó de la postura de perrito, con ella agachada y él destrozándole el coño con embestidas profundas que hacían saltar sus tetas firmes, a tumbarla boca arriba para follársela a lo perra, con las piernas en alto y los tobillos sobre sus hombros. Cada vez que la polla entraba hasta el fondo, ella chillaba como una loca y se corría chorritos que le resbalaban por el culo, mojando las sábanas y dejando un charco resbaladizo bajo su trasero. Él no se conformó con el coño: le escupió en el culo bien prieto y se lo clavó con saña, sintiendo cómo el agujero se abría con gemidos de dolor y placer mezclados, hasta que el sudor le chorreaba por la frente y los huevos le dolían de tanto apretar para no correrse antes de tiempo. Ella, con los ojos vidriosos y la respiración entrecortada, le pidió que le llenara la boca de leche caliente, así que él se sacó la polla chorreante, se la restregó por toda la cara y se la metió hasta la garganta, ahogándola con cada embestida hasta que eyaculó una y otra vez, cubriéndole los labios, los pechos y hasta el pelo de semen espeso. Cuando por fin terminaron, ella quedó tirada en el suelo, con el coño goteando, el culo rojo y la mirada perdida, mientras él le susurraba al oído que la próxima vez la follaría con más saña todavía.