Mi novia me regala por mi cumple la mamá robot para que la folle
Hoy es mi cumple y ella se ha puesto ese disfraz de mamá robot que tanto me pone, con ese body ajustado que le marca hasta el último detalle de su cuerpo de diosa. Le he dicho que quería que me chupara la polla antes de empezar, pero se ha negado con una sonrisa pícara y me ha susurrado al oído que prefiere que la folle como una puta desde el primer minuto. Me ha empujado contra el sofá, arrancándome la camisa mientras sus dedos se enredan en mi pelo para que no me escape de su boca voraz que ya está devorando mi cuello, mordisqueándome la piel con esos dientes perfectos mientras sus tetas enormes se aplastan contra mi pecho. La he agarrado de las nalgas, esas dos bolas de carne que rebotan al caminar, y la he levantado como si no pesara nada para empalarla contra la pared del pasillo, sintiendo cómo su coño empapado de jugos resbaladizos me recibe sin resistencia mientras sus piernas me abrazan la cintura con fuerza. Cada embestida hace que sus tetas se sacudan como gelatina, golpeando mi abdomen al ritmo de mis caderas que no paran de martillearla sin piedad, mientras ella gime como una perra en celo, suplicando que le meta hasta las pelotas y le reviente el culo con cada sacudida. Le he dado la vuelta de golpe, la he doblado sobre la mesa del comedor y le he arrancado el tanga de encaje que apenas cubría su raja depilada, dejando al descubierto ese coño bien mojado con piercing que brilla bajo la luz tenue de la habitación. Con un rugido, le he metido la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su carne se estira para recibirme mientras sus caderas se mueven al compás de mis embestidas brutales, sus gemidos ahogados en la mesa mezclándose con el sonido húmedo de cada penetración profunda que le estoy dando sin parar. Cuando he sentido que estaba a punto de correrse, le he sacado la polla de golpe y le he ordenado que se arrodillara en el suelo, con la cara pegada al suelo y ese culo en pompa esperando a que le reventara el coño a lametones hasta dejarla sin aliento. Ha sido una corrida intensa, con ella tragándose cada gota de mi leche mientras su cuerpo temblaba de placer, sus tetas aplastadas contra el suelo y su coño chorreando jugos que se escurrían por sus muslos gruesos mientras yo le seguía metiendo los dedos hasta que no quedó ni rastro de su orgasmo en esa carne rendida y satisfecha.