Me masturbo y te muestro cómo me corro sin parar
Estoy aquí, con la polla dura en la mano, sintiendo cómo el calor me sube por el cuerpo mientras te cuento esto. Sé que no debería estar haciendo esto, que es una locura dejarme llevar así, pero no puedo evitarlo: cada vez que pienso en ti, en cómo me miras, en cómo me deseas, pierdo el control. Me encanta la idea de que me estés viendo ahora mismo, que te estés tocando mientras me ves, que sientas lo mismo que yo. La mano me resbala por el tronco, lubricado por mis propios fluidos, y aprieto más fuerte, imaginando que eres tú quien me chupa, que eres tú quien me hace gemir así. Cada movimiento es más intenso, más rápido, y siento cómo el placer me recorre la espalda, cómo el coño se me contrae de anticipación. No puedo parar, aunque sé que esto está mal, aunque sé que no debería desearte tanto. Pero es demasiado tarde: ya siento el orgasmo acercándose, ya siento cómo la polla me palpita, cómo me corro con un gemido ahogado, imaginando que eres tú quien lo recibe todo. Y lo peor es que, mientras me limpio los dedos, solo pienso en volver a empezar.