Madrastra Elena Sterni se quita la camiseta y muestra sus tetas
Esa tarde en mi habitación, yo ya no aguantaba más las miraditas de mi hijastro, el muy cabrón siempre me miraba los pechos cada vez que pasaba. Por eso, cuando se quedó fijo ante mí, le lancé un reto: ‘¿Crees que puedes hacerme gemir como nadie?’. Sin pensarlo, me arranqué la camiseta y dejé mis tetas grandes y firmes al aire, viendo cómo se le ponía dura la polla en segundos. Me encantó el desafío en sus ojos, así que me tomé un buen tiempo acariciándome los pezones hasta que se pusieron duros, rozando la tela de mi tanga contra mi coño ya mojado. ‘¿O sea que quieres ver de lo que soy capaz?’, le dije, mientras él se acercaba temblando, y le ordené que me chupara los pechos con fuerza. Sentí su lengua caliente chupándome los pezones, mordisqueando con ganas, mientras yo me arqueaba y le agarraba del pelo para guiarlo. De pronto, me lancé sobre él y lo empujé contra la cama, montándome a horcajadas para restregarle mis tetas en la cara. ‘¿Te gusta, cabrón?’, le pregunté, sintiendo cómo su polla dura temblaba bajo mi culo, y entonces le obligué a que me penetrara de una sola estocada, sintiendo cómo su verga entraba entera de golpe hasta hacerme gritar. En más de 21 minutos, no dejó de bombearme con furia, pero yo lo retaba cada vez: ‘¿Crees que puedes hacer que me corra más fuerte?’, y él respondía metiéndomela más hondo, moviendo mis caderas hasta que el placer me quemaba por dentro. Cuando finalmente me vine, fue tan intenso que mis músculos se contrajeron alrededor de su polla, y él explosionó dentro de mí sin poder aguantar más. Ahora, mientras me limpio su lefa entre las piernas, solo pienso en cómo la próxima vez lo haré sufrir más antes de dejarme vencer.