Laura Quest se entrega al coleccionista para pagar deudas mientras su marido mira
Laura Quest siempre supo que su coño era una moneda de cambio, pero nunca imaginó que el precio sería tan alto. Cuando el coleccionista le ofreció pagar sus deudas a cambio de su cuerpo, no lo pensó dos veces: quería humillar a su marido, ver cómo se retorcía de celos mientras otro hombre le metía la polla hasta las pelotas. La primera vez que el tipo la tocó, sentí un escalofrío de venganza corriéndome por la espalda, sus manos ásperas me agarraron el culo mientras yo me arrodillaba frente a él, abriendo bien la boca para chuparle la verga con esos labios gruesos que tanto le gustan a Eduard. El marido estaba en un rincón, pálido, pero no apartó la vista cuando el coleccionista me empotró contra la pared, haciendo que mis gemidos rebotaran en las paredes. Cada embestida era un golpe directo a su orgullo, y cuando el tipo me dio la vuelta para clavarme desde atrás, sentí cómo mi coño se cerraba alrededor de su polla como si quisiera ahogarlo. El marido empezó a respirar más rápido cuando el coleccionista me hizo correrme gritando, y justo cuando estaba a punto de explotar, me ordenó que me arrodillara otra vez para tragarme su leche caliente mientras mi marido miraba impotente. La última cosa que vi antes de que todo se volviera blanco fue su cara de derrota, y entonces...