La esposa cachonda descubre el culo perfecto de su marido
Te voy a contar cómo empezó todo: mi nombre es Laura, y desde que probé el culo de mi marido, ya no hay vuelta atrás. Todo comenzó con un juego inocente en la ducha, donde noté que su trasero estaba más duro que nunca. Al pasar mis dedos por esa piel suave, sentí cómo se le ponía la piel de gallina. Sin pensarlo, le metí un dedo, y su gemido me volvió loca. ¿Te imaginas la sorpresa cuando descubrí que le encantaba? Desde ese día, no hay noche que no termine con mi polla de juguete enterrada hasta las pelotas en su culo prieto. La primera vez que lo penetré con el strap-on, casi me corro solo de ver cómo se le contraía el ano. Sus gritos resonaban en toda la casa, y yo no podía parar de empujar más fuerte, sintiendo cómo su culo se adaptaba a mi verga de silicona. Lo mejor fue cuando se corrió sin tocarse, solo con mi polla dándole duro por detrás. Ahora, cada vez que lo veo, me muero por empotrarlo de nuevo. Y él, el muy puto, se queda mirándome con esa sonrisa de satisfacción, sabiendo que soy su puta dueña.