Joven latina se empala con polla monstruosa y se corre
La morena de curvas explosivas llegó a la cita con tacones de infarto y un vestido que apenas tapaba sus tetas firmes, esos labios rojos mordiendo el borde del vaso mientras sus ojos verdes brillaban con ganas de que la empotraran sin piedad. Él, un negro de verga gruesa y venas palpitantes, no perdió tiempo: la agarró de la cintura con sus manos grandes, le arrancó el tanga de un tirón y la levantó contra la pared del bar, sintiendo como su coño ya chorreaba antes de que la polla siquiera rozara sus labios. Ella jadeó al sentir la cabeza gorda abriéndose paso entre sus pliegues, sus gemidos ahogados en ronquidos cuando él la embistió con fuerza desde el primer envite, clavándola contra el yeso con cada golpe. La morena movía las caderas como loca, sus tetas rebotando al ritmo de las embestidas brutales, su coño empapado tragándose la verga entera sin importarle el dolor, solo el placer salvaje de sentirla reventarle las paredes internas. Él le mordisqueaba el cuello, le tiraba del pelo y le susurraba al oído lo puta que era, lo bien que lo chupaba, lo mucho que le gustaba que le apretara el culo con esas uñas pintadas de rojo mientras la llenaba de leche hasta el fondo. Ella se corrió tres veces antes de que él decidiera que era hora de terminarla: la tiró sobre la mesa, le abrió bien las piernas y le metió la polla hasta la garganta, ahogándola en su propio jugo mientras le escupía semen caliente en la boca y en la cara. El líquido blanco le resbalaba por las tetas, por el vientre plano, mientras ella se retorcía entre espasmos, su coño aún temblando de los orgasmos anteriores y su aliento entrecortado por los gritos sofocados. Él no se detuvo hasta dejarla completamente rendida, con las piernas temblorosas, el maquillaje corrido y el coño tan hinchado que parecía que se le iba a salir la leche que aún le goteaba entre los muslos.