Hermana mía me pide que le llene la boca de leche caliente
Esa tarde en la cocina, mientras todos dormían, supe que no debía, pero el deseo prohibido me quemaba por dentro. Su culo apretado en esos shorts ajustados, la forma en que se mordía el labio al verme, todo gritaba que quería más. Cuando me acerqué, su respiración se volvió agitada, y al rozar su coño mojado con mis dedos, gimió tan fuerte que temí que alguien nos escuchara. 'No deberíamos', susurró, pero sus manos ya me bajaban los pantalones, liberando mi polla dura como roca. Sin pensarlo, la empujé contra la mesa, levantándole el vestido para hundir mi cara en su coño caliente, chupando cada gota de su miel mientras ella se retorcía. 'Más fuerte', jadeó, y obedecí, metiendo dos dedos en su culo virgen hasta que gritó mi nombre. Cuando no pudo más, la giré y la puse de rodillas, obligándola a abrir esa boquita perfecta para que me tragara entero. 'Quiero que me llenes', rogó, y al sentir su lengua en mi verga, no aguanté. Con un gruñido, le solté toda mi leche espesa en la garganta, viendo cómo tragaba cada gota como una puta hambrienta. Al terminar, me miró con esa sonrisa traviesa y dijo: 'Ahora sí que estamos en problemas, hermanito.'