Ella lo cabalga como una diosa hasta que él no aguanta más
La tensión entre ellos ha sido insoportable, miradas robadas y roces 'accidentales' por días, hasta que por fin él la arrincona contra la pared, sus manos ásperas le agarran las nalgas y la levanta de golpe. Ella enreda las piernas alrededor de su cintura, sintiendo cómo su polla dura como una roca le roza el coño empapado, gimiendo sin poder contenerse. Él la baja de golpe sobre su entrepierna, enterrándose entera de un solo empujón, y ella grita al sentirlo tan profundo que casi le duele. Las paredes mojadas de su coño lo aprietan como un puño, haciéndole perder el control, mientras ella mueve las caderas como una profesional, montándolo con la mirada ardiente de quien sabe exactamente qué hace. Él la embiste con fuerza, sus pelotas golpean contra su culo con cada movimiento, y ella se agarra de sus hombros para no caerse, los gemidos se vuelven gritos cuando siente el orgasmo subiendo por su espalda. Él la gira contra la pared, levantándole una pierna, y se la clava hasta que ella clava las uñas en su espalda, gritando que va a correrse. Él no se detiene, sigue metiéndosela con furia hasta que ella explota, su coño apretándolo con espasmos, y él la llena hasta reventar, gruñendo como un animal. Ella se queda temblando, las piernas flojas, sabiendo que esto no ha terminado. La próxima vez, será su turno de hacerle suplicar.