El taxista se corrió en el auto de su jefa rebelde
Mario siempre supo que su jefa, Laura, era una descarada, pero nunca imaginó que lo retaría a follarla en su propio auto después de horas extras. Cuando ella se agachó para chuparle la polla, él le bajó el pantalón de una patada y la empotró contra el asiento trasero, metiéndole los dedos en el coño mojado mientras ella gemía como una puta en celo. '¿Crees que puedo aguantar?', le escupió él, pero Mario no era hombre de hablar, sino de demostrar: la agarró del cuello y le clavó la polla hasta que los muslos de Laura temblaron. Ella le arrancó la camisa, mordiéndole el hombro mientras él la penetraba con furia, las caderas chocando contra su culo respingón. '¡Dámelo todo!', gritó ella, y Mario obedeció, sacando la polla para correrse sobre su cara, pintándole los labios con su leche gruesa. Al final, mientras Laura se lamía los restos, solo podía pensar en cómo había perdido la apuesta: ni ella ni nadie resistía tanto como él.